El consentimiento suele entenderse como un acuerdo verbal o conductual con otra persona, pero existe una dimensión más profunda: el consentimiento interno. Este se refiere a la coherencia entre lo que se hace y lo que realmente se desea.
La autoestima sexual juega un papel clave en esta capacidad de escucharse. Cuando una persona se valora, puede identificar si algo le resulta cómodo, deseado o forzado, incluso en ausencia de presión explícita.
Ignorar el consentimiento interno suele generar desconexión y desgaste emocional. En cambio, respetarlo fortalece la confianza personal y la relación con el propio cuerpo.
La sexualidad se renueva cuando el consentimiento comienza dentro y se extiende de forma natural hacia el encuentro con el otro.