La sexualidad consciente propone una forma distinta de habitar la intimidad. En lugar de enfocarse en el resultado, invita a prestar atención al momento presente, a las sensaciones y a la experiencia tal como se desarrolla.
La presencia es uno de los factores más importantes para el disfrute sexual. Sin embargo, muchas personas están físicamente presentes pero mentalmente ausentes, atrapadas en pensamientos, expectativas o preocupaciones. La sexualidad consciente busca reducir esta desconexión.
Practicar presencia implica observar las sensaciones sin juzgarlas ni dirigirlas. Esto requiere desacelerar y aceptar que cada experiencia es diferente. El placer deja de ser algo que se persigue y se convierte en algo que se permite.
Esta práctica favorece una mayor conexión con el cuerpo y con la otra persona. La intimidad se vuelve más auténtica porque no está mediada por la exigencia de cumplir un ideal.
La renovación sexual ocurre de forma natural cuando la presencia se convierte en el eje de la experiencia íntima.