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Adriana y su esposo tuvieron encuentro swinger y termino enamorada....

Adriana y su esposo tuvieron encuentro swinger y termino enamorada....

Adriana siempre se había considerado una mujer reservada. Llevaba más de diez años casada con Martín, un hombre que amaba profundamente y con quien había construido una vida tranquila, estable... quizá demasiado predecible.

Pero todo cambió la noche en que, casi por casualidad, abrieron una puerta que jamás pensaron cruzar.

Habían hablado muchas veces de fantasías, de deseos escondidos, de lo que nunca se atrevieron a hacer en sus años de noviazgo. Fue en una de esas conversaciones nocturnas, entre risas y copas de vino, cuando Martín mencionó el mundo swinger. No como una propuesta directa, sino como una idea al aire.

—¿Te imaginas? —dijo él con tono juguetón.

Adriana se quedó pensativa. Nunca lo había considerado, pero algo en la idea la inquietó… y la sedujo. Días después, comenzaron a investigar, a leer foros, a mirar perfiles de parejas reales que vivían ese estilo de vida sin tabúes.

La curiosidad fue creciendo y, casi sin darse cuenta, estaban creando un perfil anónimo en una página exclusiva para encuentros de parejas. No buscaban nada concreto al principio. Solo mirar, fantasear... pero la chispa ya estaba encendida.

Hasta que una noche recibieron un mensaje.

Era de una pareja experimentada, de trato amable, con fotos discretas pero sugerentes. Se llamaban Laura y Daniel. La conexión virtual fue inmediata. Las charlas fluían con naturalidad, sin presiones, con mucho respeto y complicidad. Después de varias semanas de mensajes, bromas y confesiones, acordaron encontrarse en un bar elegante de la ciudad.

Adriana nunca olvidaría esa noche.

Los nervios la envolvían, pero también una excitación que jamás había sentido. Laura era una mujer hermosa, segura de sí misma, de sonrisa cálida y mirada profunda. Daniel, por su parte, tenía un aire sereno y protector. Desde el primer momento, Adriana sintió algo distinto... una energía que no esperaba.

El encuentro fluyó de manera natural. Las miradas se cargaban de deseo, las palabras se volvían susurros íntimos. La noche los llevó a un hotel, donde los límites se desdibujaron y los cuerpos se encontraron sin prejuicios.

Pero lo que Adriana jamás imaginó fue lo que vendría después.

Aquel encuentro no quedó solo en lo físico. Con Laura, en especial, se creó un lazo diferente. La buscaba con la mirada, quería saber más de ella, de su mundo, de su historia. La recordaba en los días siguientes con una intensidad que la descolocaba.

Martín lo notó. No había celos, sino una extraña mezcla de comprensión y sorpresa.

—¿Te pasa algo con ella, verdad? —le preguntó una noche.

Adriana, con el corazón latiendo fuerte, asintió.

Lo que empezó como una aventura sexual había despertado en ella un sentimiento inesperado. No era solo atracción... era algo más profundo, más emocional. Se sentía viva, deseada, vista de un modo que nunca había experimentado.

Los encuentros continuaron. Y poco a poco, Adriana fue aceptando que se estaba enamorando. No se trataba de elegir entre Laura o Martín. Era otra forma de amar, de descubrirse, de entender que el corazón no siempre obedece las reglas establecidas.

Lo que comenzó como un juego de fantasía, terminó siendo una historia de amor diferente, intensa y real.

Y Adriana, por primera vez en mucho tiempo, se sentía completa.

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