Es común que dentro de una relación las personas no experimenten el deseo con la misma frecuencia o intensidad. Esta diferencia, conocida como deseo desigual, no significa que la relación esté condenada, pero sí requiere atención.
No es una anomalía.
Es parte de muchas relaciones.
Nadie está mal por desear más o menos.
Culpar daña.
Nombrar lo que ocurre reduce tensión.
El silencio agranda.
Estrés, salud, emociones, cansancio.
El contexto importa.
No todo es blanco o negro.
Hay matices.
Menos deseo no implica menos amor.
Son dimensiones distintas.
Los acuerdos pueden ajustarse.
La rigidez daña.
Contacto, cercanía, compañía.
La intimidad es amplia.
La presión suele reducir el deseo.
La paciencia ayuda.
Renovar la sexualidad cuando el deseo es desigual implica diálogo, empatía y creatividad. No se trata de igualar deseos, sino de construir una experiencia íntima que contemple ambas realidades.