La sexualidad no tiene una fecha de caducidad. Sin embargo, todavía existen prejuicios que relacionan el deseo, la intimidad y el placer exclusivamente con la juventud. Estas ideas pueden generar inseguridad y hacer que algunas personas de mayor edad sientan que hablar de sexualidad es inapropiado o que sus necesidades íntimas ya no son importantes.
La madurez es una etapa de la vida en la que la sexualidad puede continuar formando parte del bienestar físico y emocional. Puede cambiar respecto a etapas anteriores, pero cambiar no significa desaparecer.
Uno de los principales prejuicios consiste en pensar que las personas mayores dejan de sentir deseo sexual.
En realidad, el deseo varía considerablemente entre individuos y puede cambiar a lo largo de toda la vida. La edad es solamente uno de los factores que pueden influir.
Salud general, medicamentos, cambios hormonales, estrés, estado emocional, relaciones de pareja y experiencias personales también pueden tener un papel importante.
Con el paso de los años pueden aparecer modificaciones en la respuesta sexual.
Algunas mujeres pueden experimentar cambios relacionados con la menopausia, como menor lubricación o mayor sensibilidad en los tejidos genitales. Algunos hombres pueden experimentar cambios graduales en la erección o necesitar más tiempo para alcanzar una respuesta sexual.
Estos cambios no significan que la intimidad deba terminar.
Adaptar las expectativas, dedicar más tiempo a la excitación, utilizar lubricación cuando sea necesario y mantener una comunicación abierta puede ayudar a vivir la sexualidad de acuerdo con las nuevas circunstancias.
El deseo sexual no permanece necesariamente igual durante toda la vida.
En determinadas etapas puede aumentar, disminuir o cambiar de forma. Esto no significa que exista una forma correcta de sentir deseo.
Es importante evitar compararse con otras personas o con la propia experiencia de años anteriores.
La sexualidad actual puede ser diferente y seguir siendo satisfactoria.
La intimidad puede incluir afecto, contacto físico, comunicación, compañía y cercanía emocional.
Para algunas parejas, estas expresiones adquieren mayor importancia con el paso del tiempo.
No existe una única forma de mantener una conexión íntima. Lo fundamental es que las experiencias sean consensuadas, cómodas y respetuosas.
La sexualidad está relacionada con el estado general del organismo.
Enfermedades cardiovasculares, diabetes, alteraciones hormonales, determinados medicamentos y otros factores pueden influir en la respuesta sexual.
Por esta razón, cuidar la salud general también forma parte del bienestar sexual.
Las revisiones médicas permiten detectar y atender condiciones que podrían repercutir indirectamente en la intimidad.
Otro prejuicio frecuente es pensar que solamente las personas que tienen pareja mantienen una vida sexual.
Las personas solteras también pueden experimentar deseo, autoplacer e interés por establecer nuevas relaciones.
La edad no elimina el derecho a conocer personas, establecer vínculos o decidir libremente sobre la propia vida íntima.
Comenzar una relación durante la madurez puede implicar experiencias diferentes a las de etapas anteriores.
Hablar sobre expectativas, salud sexual, protección frente a ITS, límites y necesidades es tan importante como en cualquier otra etapa.
Tener mayor edad no elimina la necesidad de prevención.
La vergüenza puede impedir que una persona consulte sobre problemas sexuales.
Pensar que determinados cambios “son normales por la edad” puede provocar que algunas molestias permanezcan sin atención.
El dolor, las dificultades persistentes de erección, los cambios importantes en el deseo, la sequedad significativa o cualquier otro síntoma que genere preocupación merece ser comentado con un profesional.
La madurez también puede ofrecer la oportunidad de vivir la sexualidad con mayor conocimiento de los propios límites y preferencias.
La experiencia puede facilitar una comunicación más clara y permitir tomar decisiones con mayor seguridad.
La sexualidad no necesita responder a expectativas externas. Puede adaptarse a las necesidades actuales de cada persona.
Derribar los prejuicios sobre la sexualidad en la madurez permite reconocer que el deseo, la intimidad y el bienestar sexual pueden formar parte de diferentes etapas de la vida.
El cuerpo puede cambiar, las necesidades pueden cambiar y las relaciones pueden cambiar, pero eso no significa que la sexualidad pierda su valor.
Cuidar la salud, comunicarse, prevenir ITS y consultar cuando existen dificultades permite vivir esta etapa de manera informada y respetuosa.