En conversaciones sobre salud sexual aparecen con frecuencia las siglas ITS y ETS. Aunque muchas personas las utilizan como si fueran exactamente iguales, existe una diferencia importante entre ambos conceptos.
ITS significa "infección de transmisión sexual", mientras que ETS significa "enfermedad de transmisión sexual".
La palabra infección describe la presencia de un microorganismo en el organismo, mientras que enfermedad suele utilizarse cuando esa infección produce manifestaciones clínicas o afecta la salud de una determinada manera.
Actualmente, el término ITS es utilizado con frecuencia en ámbitos sanitarios porque permite incluir infecciones que pueden estar presentes sin síntomas.
Comprender la diferencia ayuda a entender por qué una persona puede tener una infección y no saberlo.
Si únicamente pensamos en enfermedades con síntomas visibles, podemos asumir incorrectamente que una persona sin molestias no tiene ninguna infección.
El concepto de ITS recuerda que algunas infecciones pueden existir sin signos evidentes y que la prevención y las pruebas tienen importancia incluso cuando alguien se siente bien.
Uno de los principales errores relacionados con la salud sexual es asociar automáticamente una infección con dolor, lesiones o cambios físicos.
Sin embargo, algunas ITS pueden ser asintomáticas durante determinados periodos.
Esto significa que una persona puede sentirse saludable y aun así necesitar una evaluación o prueba dependiendo de sus circunstancias.
La prevención no debería depender únicamente de observar síntomas.
Las diferentes ITS pueden transmitirse de distintas maneras.
Algunas están relacionadas principalmente con el intercambio de determinados fluidos corporales, mientras que otras pueden transmitirse mediante contacto directo entre piel y mucosas.
El riesgo depende de la infección y de la práctica sexual realizada.
Por eso, conocer únicamente el nombre de una infección no siempre es suficiente. También es importante comprender cómo puede transmitirse y qué medidas de prevención son adecuadas.
Los métodos de barrera pueden reducir el riesgo de determinadas ITS cuando se utilizan correctamente.
Los preservativos externos e internos y otras barreras pueden ser herramientas importantes dentro de una estrategia de sexo seguro.
Sin embargo, no todos los métodos de barrera ofrecen exactamente el mismo nivel de protección frente a todas las infecciones, especialmente cuando estas pueden transmitirse mediante contacto con zonas de piel que no están cubiertas.
Por eso, es importante mantener expectativas realistas sobre su función.
Las pruebas permiten identificar determinadas infecciones incluso cuando no existen síntomas.
No existe una prueba universal para todas las ITS. Los métodos de detección dependen de la infección y de las circunstancias.
Consultar con un profesional puede ayudar a determinar qué pruebas pueden ser adecuadas y en qué momento realizarlas.
Tener una ITS no convierte a una persona en irresponsable.
Las infecciones pueden transmitirse incluso cuando las personas toman medidas de prevención. Además, algunas pueden adquirirse sin que existan síntomas evidentes.
Utilizar términos estigmatizantes puede hacer que las personas oculten sus preocupaciones o retrasen la búsqueda de atención.
Hablar de ITS desde la educación y la prevención ayuda a crear una cultura de mayor responsabilidad.
Conocer la diferencia entre ITS y ETS también permite mejorar las conversaciones con las parejas.
Hablar de pruebas, protección y antecedentes de salud sexual puede parecer difícil, pero ayuda a tomar decisiones informadas.
La comunicación debería estar basada en respeto y no en acusaciones.
Ante síntomas, una posible exposición o una preocupación, lo recomendable es buscar orientación profesional.
No conviene asumir que se trata de una infección concreta basándose únicamente en síntomas encontrados en internet. Muchas condiciones diferentes pueden presentar señales similares.
El diagnóstico adecuado requiere una evaluación apropiada.
La principal diferencia entre ITS y ETS puede resumirse de manera sencilla: una infección puede existir sin que necesariamente haya una enfermedad o síntomas.
Esta distinción es importante porque cambia la forma en que entendemos la prevención. Una persona no necesita esperar a sentirse enferma para cuidar su salud sexual.
Conocer los términos, utilizar medidas de protección, realizar pruebas cuando corresponda y consultar a profesionales permite tomar decisiones más informadas.
La educación sexual ayuda precisamente a eso: sustituir los mitos y prejuicios por información que permita cuidar mejor el bienestar individual y colectivo.