El placer no comienza en la pareja, comienza en la relación que cada persona tiene consigo misma. Cuando esta conexión se debilita, la vida sexual suele sentirse automática o desconectada. Reconectar con el placer propio es un paso fundamental para renovar la sexualidad desde un lugar auténtico.
No se limita a lo genital.
Incluye sensaciones físicas, emocionales y mentales.
Vergüenza, culpa o creencias restrictivas pueden limitar el disfrute.
Reconocerlos es el primer paso.
Prestar atención a qué resulta agradable.
El cuerpo comunica.
Explorar sensaciones sin buscar resultados.
La exploración libera.
La curiosidad permite descubrir nuevas formas de placer.
La rigidez bloquea.
Descanso, alimentación y manejo del estrés influyen en el placer.
El bienestar sostiene.
Cómo una persona se habla impacta su capacidad de disfrutar.
La autocompasión ayuda.
Permitirse sentir placer sin culpa.
El permiso es necesario.
Compartir descubrimientos fortalece la conexión.
El placer propio nutre el compartido.
Reconectar con el placer propio es un proceso de escucha y aceptación. Cuando una persona se permite sentir y explorar sin presión, la vida sexual puede renovarse de manera más libre y consciente.